El hallazgo de mineros ejecutados en Sinaloa desmorona el discurso oficial de pacificación y evidencia cómo comunidades enteras son borradas por la guerra entre cárteles.
La reciente tragedia en la sierra de Concordia, donde trabajadores de la mina de plata Vizsla Silver fueron secuestrados y hallados en fosas clandestinas, es el síntoma más reciente de una enfermedad profunda: la inseguridad desbordada que consume a México. Mientras el discurso gubernamental insiste en una disminución de los índices de violencia, la realidad en el terreno muestra al menos 12 pueblos convertidos en «fantasmas», donde el silencio solo es interrumpido por el paso de convoyes armados y los habitantes huyen ante la orden de las facciones criminales de «tomar bando» o abandonar su hogar.
Este caso no es un evento aislado, sino el reflejo de un país donde el crimen organizado ha diversificado su control, sometiendo ahora a sectores estratégicos como la minería, la agricultura y el transporte. En la sierra sinaloense, la captura de líderes criminales solo ha servido para atomizar el conflicto, dejando a la población civil en medio de un fuego cruzado que las autoridades federales, a pesar del despliegue masivo de tropas, no han logrado sofocar.
Estrategias que no llegan a la montaña
La presencia del secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, y los operativos por tierra y aire han resultado insuficientes para devolver la paz. Para activistas y defensores de los desplazados, el despliegue militar a menudo genera más temor que alivio, pues los ciudadanos quedan vulnerables ante posibles confusiones o abusos de las fuerzas de seguridad. La narrativa de una situación bajo control choca de frente con el testimonio de quienes, como los buscadores en las fosas de El Verde, encuentran cuerpos donde las autoridades no se atreven a mirar.
Un estado de abandono institucional
La parálisis económica y social es evidente: médicos que no llegan a las clínicas, maestros que abandonan las aulas y un sistema de transporte público que ha desaparecido junto con sus choferes. La realidad de la inseguridad en México hoy se mide en el vacío de las comunidades rurales y en la impunidad con la que grupos delictivos «confunden» y ejecutan a trabajadores honestos. Mientras el puerto de Mazatlán se blinda para el turismo, la sierra permanece como un recordatorio de que, en gran parte del territorio, la ley vigente no es la del Estado, sino la del grupo armado que domine el cerro.
Fuente: Agencia AP / Investigación Especial | © Redacción NoticiasPV

