Productores de Apatzingán rompen el silencio tras la captura del líder de “Los Blancos de Troya”; revelan que las multas por no pagar la extorsión alcanzaban los 200 mil pesos.
La captura de César Alejandro Sepúlveda Arellano, alias “El Bótox”, ha comenzado a desenterrar el nivel de control absoluto que ejercía sobre la economía de Michoacán. Tras años de silencio por miedo, productores de limón han revelado la logística de «cuotas y multas» que mantenía al sector citrícola al borde de la quiebra y bajo una constante amenaza de muerte.
De acuerdo con testimonios de agricultores de Apatzingán, el sistema era implacable: se les obligaba a pagar dos pesos por cada kilo de limón empacado. En una caja estándar de 22 kilos, el productor perdía automáticamente 44 pesos de una ganancia que apenas rondaba los 100 pesos. «Trabajaba nomás para él», confesó un limonero bajo anonimato, detallando que las pérdidas por la extorsión hacían que muchos prefirieran tirar la fruta antes que cosecharla.
Citas nocturnas y multas de terror
La red de «Los Blancos de Troya» no utilizaba intermediarios discretos; la intimidación era directa:
El cobro: Personas armadas acudían a las huertas o empaques. En ocasiones, los productores eran citados a las 10:00 de la noche en el pueblo de origen del líder criminal para entregar el efectivo.
El castigo: Quien se negaba a pagar o intentaba saltarse la cuota enfrentaba multas inmediatas de 200 mil pesos o la clausura violenta de su negocio.
Presencia directa: Testigos aseguran que el propio «Bótox» se presentaba en las entregas de dinero, siempre escoltado por sicarios fuertemente armados, ante la total ausencia de autoridades en la zona.
Un operativo de «cacería»
La detención de este objetivo prioritario requirió una fuerza quirúrgica. Más de 30 vehículos blindados, incluidos tipos Black Mamba y SandCat, se desplegaron en dos frentes entre Cenobio Moreno y Santa Ana Amatlán. El líder criminal intentó huir saltando por la parte trasera de una vivienda, pero fue interceptado por una agente federal.
«El Bótox», quien irónicamente inició su carrera en las autodefensas, terminó siendo el presunto autor intelectual del asesinato de Bernardo Bravo, líder citrícola que se opuso a sus abusos. Con cinco órdenes de aprehensión y una recompensa de 5 millones de dólares del Departamento del Tesoro de EE. UU., su caída representa un respiro para el campo, aunque el sistema de extorsión que diseñó dejó una herida económica que tardará años en sanar.
Fuente: Testimonios Sector Citrícola / Radiofórmula | © Redacción NoticiasPV Nayarit

