Con el inicio del temporal de desove, comunidades costeras y campamentos biológicos buscan mitigar la pérdida de ejemplares provocada por la pesca incidental y la contaminación.
Los programas de preservación ecológica enfocados en la tortuga marina golfina en el Pacífico mexicano reflejan un incremento gradual en las estadísticas de arribo con respecto a los registros históricos del siglo pasado. Esta tendencia es atribuida directamente al decreto federal de veda total, la participación activa de los pobladores de las comunidades costeras y el establecimiento de zonas de reserva biológica en municipios estratégicos como Cabo Corrientes y la región norte de Jalisco.
Pese al éxito en el retorno masivo de las hembras reproductoras a las playas de origen, los balances de los organismos internacionales de conservación indican que menos del 1% de los ejemplares nacidos sobrevive a las amenazas del entorno marino. La vulnerabilidad del quelonio se agudiza por la presencia de redes de pesca comercial de arrastre, la ingesta accidental de desechos plásticos flotantes y la pérdida de hábitat derivada del cambio climático global, lo que vuelve indispensable la intervención humana en los nidos.
Para contener el impacto de estas problemáticas, los técnicos y voluntarios de los campamentos especializados concentran sus esfuerzos en el resguardo de los nidos expuestos en la arena durante los ciclos nocturnos. El proceso de protección incluye el traslado de los huevos a corrales de incubación y la posterior liberación ordenada de los neonatos, garantizando que una mayor cantidad de crías ingrese al mar y continúe el proceso de restauración poblacional de esta especie emblemática.
Fuente: Agencia Jafríco | © Redacción NoticiasPV

