Sueños rotos y depresión, la vida de los extranjeros ubicados en México

A un año de la cancelación del sistema de asilo de EE. UU., miles de migrantes viven en albergues o campamentos en México , enfrentando enfermedades y el asedio del crimen organizado.

La cancelación del sistema CBP One para solicitar asilo en Estados Unidos, ocurrida hace un año, ha dejado una profunda huella de precariedad y problemas de salud mental entre los miles de extranjeros que permanecen en México. Directivos de albergues en Coahuila y la Ciudad de México advierten que el impacto emocional ha derivado en episodios de depresión severa, especialmente en madres solteras y hombres que han visto frustrados sus planes de reunirse con sus familias en el norte.

Casos como el de Joel Hernández, un migrante de 33 años que buscaba el «sueño americano», reflejan la nueva realidad: tras meses de espera y el deterioro de su salud por una lumbalgia y crisis depresivas, ha decidido dejar de intentar el cruce. «Lo que quiero es estabilizarme y echarle ganas aquí», comenta, sumándose a la creciente cifra de personas que ahora ven en México un destino de residencia definitiva ante las políticas restrictivas de la administración de Donald Trump.

El costo de la frontera cerrada

Alberto Xicoténcatl, director de la Casa del Migrante de Saltillo, explica que la conciencia de una frontera cerrada ha empujado a los migrantes a dos vías peligrosas: pagar a traficantes que han elevado sus costos de forma exorbitante o buscar rutas alternas. Estas vías secundarias son las más violentas, ya que ante la presencia de operativos militares y policiales, los migrantes se ven obligados a transitar por zonas controladas por la delincuencia organizada.

Para quienes deciden quedarse, el camino no es más sencillo. El proceso de refugio ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) es lento y burocrático, exigiendo firmas periódicas que limitan la movilidad de las personas. Además, conseguir empleo o rentar una vivienda sigue siendo un reto mayor para familias, principalmente de origen venezolano, que terminan viviendo en campamentos irregulares como los de la colonia Vallejo en la capital del país.

El retorno como última opción

Para otros, como Salvador, de 39 años, la única salida ha sido el retorno voluntario a su país de origen. Sin embargo, incluso esta decisión es costosa, pues deben reunir cerca de 6 mil pesos para el boleto de avión y pagar multas migratorias. Los albergues, que antes servían de paso, ahora se han convertido en centros de estancia prolongada donde se intenta sanar no solo las heridas del camino, sino también las de una esperanza fracturada por la política internacional.

Fuente: Casa del Migrante Saltillo / Casa Tochan | © Redacción NoticiasPV Nayarit

                                                         
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