Uno de cada cuatro jugadores inscritos en la competencia defiende la camiseta de un país donde no nació, impulsado por las flexibilizaciones de la FIFA.
El actual certamen mundialista se ha consolidado como el reflejo de los flujos migratorios globales del último medio siglo, registrando que 286 de los mil 248 futbolistas inscritos representan a un país distinto al de su nacimiento. El balance estadístico duplica los parámetros reportados en la edición de Qatar 2022, evidenciando un fenómeno donde Francia se posiciona como el principal exportador de talento con 72 atletas nacidos en su territorio que optaron por vestir las casacas de selecciones africanas o caribeñas debido a sus raíces familiares.
Casos extremos como el de la selección de Curazao, que cuenta con 25 de sus 26 integrantes nacidos en los Países Bajos, o Bosnia-Herzegovina con 16 elementos surgidos de la diáspora balcánica, exponen el alcance de la transfronterización en el balompié contemporáneo. En contraste, solo ocho de las 48 delegaciones participantes compiten con planteles integrados en su totalidad por nativos de sus respectivas tierras, destacando los bloques de Brasil, Colombia, Arabia Saudita y Sudáfrica.
El notable incremento de estas naturalizaciones y cambios de representativo nacional responde de forma directa a las modificaciones reglamentarias que la FIFA implementó en 2020. Dicha reforma faculta a los jugadores a modificar su filiación de federación internacional si disputaron un máximo de tres compromisos oficiales antes de cumplir los 21 años, permitiendo que figuras consolidadas en ligas europeas o del continente americano refuercen los cuadros de las naciones de origen de sus padres o abuelos.
Fuente: CIES Football Observatory | ©️ Redacción NoticiasPV Nayarit









