Aunque el mineral es esencial, su ingesta en pastillas sin vigilancia puede colapsar la función renal y provocar paros cardíacos.
La creencia popular de que el potasio es la «solución mágica» contra la hipertensión y la diabetes ha encendido las alarmas entre la comunidad médica. Si bien este mineral es una pieza clave para el intercambio celular y la eliminación de sodio, los expertos aclaran que el potasio no es un preventivo, sino un regulador. En personas con presión arterial saludable, aumentar la ingesta de potasio no garantiza inmunidad contra la hipertensión; lo que realmente marca la diferencia es la reducción drástica de la sal en la dieta diaria.
El verdadero riesgo surge con la automedicación de suplementos. El cuerpo humano está diseñado para procesar el potasio de fuentes naturales, pero las dosis concentradas en pastillas pueden llevar a una condición llamada hiperpotasemia. Esta acumulación excesiva en el torrente sanguíneo es capaz de alterar los impulsos eléctricos del corazón, derivando en arritmias que pueden ser mortales si no se atienden de inmediato.
El papel del riñón y la diabetes
Para los pacientes que ya viven con diabetes, el escenario es aún más delicado. Aunque el potasio ayuda en la regulación de la glucosa a nivel celular, el exceso del mineral puede ser contraproducente. La diabetes suele comprometer la salud de los riñones, y un riñón debilitado pierde la capacidad de filtrar el excedente de potasio, creando un círculo vicioso de toxicidad mineral.
En lugar de recurrir a estantes de farmacia, los especialistas en nutrición clínica recomiendan fortalecer el consumo de legumbres, hortalizas y frutas. Estos alimentos aportan el mineral de forma equilibrada y vienen acompañados de fibras que benefician el metabolismo general, evitando los picos peligrosos que los suplementos sintéticos provocan en el organismo.
Fuente: Especialistas en Endocrinología y Nefrología | © Redacción NoticiasPV Nayarit

