Un estudio genómico del Centro de Ciencias Genómicas reveló que la «Acinetobacter baumannii», un patógeno altamente resistente a los antibióticos, posee reservorios fuera de las clínicas, principalmente en perros, equinos y aguas residuales.
Las investigaciones sobre salud pública y resistencia bacteriana han dado un giro significativo gracias a la aplicación de la medicina genómica evolutiva. Un equipo de científicos adscritos al Centro de Ciencias Genómicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) localizó la presencia de la bacteria Acinetobacter baumannii —catalogada como uno de los patógenos hospitalarios más peligrosos para el ser humano debido a su alta inmunidad ante múltiples familias de antibióticos— en entornos completamente ajenos a los nosocomios, detectándose en ejemplares de perros, caballos, aves como la garza blanca y en descargas de aguas residuales.
El análisis, cuyos resultados fueron recopilados en la revista científica Nature Communications, plantea un cambio en el paradigma médico-biológico que tradicionalmente confinaba el monitoreo de esta superbacteria a los pabellones clínicos. Bajo la metodología internacional de «Una Salud» (One Health), la cual estudia las interconexiones sanitarias entre humanos, animales y el medio ambiente, los investigadores procesaron y depuraron una base de datos compuesta por 23 mil genomas del microorganismo, logrando rastrear su dispersión en 95 fuentes de origen no humano que abarcan desde productos alimenticios como carne de cerdo y salmón, hasta pulpa de coco.
El estudio arrojó que las poblaciones de la bacteria halladas en reservorios ambientales exhiben una diversidad genética superior a las documentadas en pacientes humanos. Aunque la carga de genes resistentes a los fármacos es comúnmente menor fuera de las instituciones médicas, las muestras extraídas de caninos domésticos y de redes de aguas residuales mostraron niveles de resistencia equiparables a los brotes intrahospitalarios, conteniendo variantes genéticas de relevancia clínica que encienden las alertas en materia epidemiológica.
Las siguientes etapas de la investigación contemplan el desarrollo de modelos de inteligencia artificial para precisar con exactitud la dirección de los contagios, determinando si el patógeno mutó desde los humanos hacia las mascotas o viceversa. La comunidad científica reiteró la urgencia de ampliar los muestreos en ecosistemas abiertos como ríos y zonas rurales para evaluar la virulencia real de estos agentes biológicos y diseñar políticas de contención que superen los sesgos antropocéntricos de la medicina convencional.
Fuente: Universidad Nacional Autónoma de México | © Redacción NoticiasPV Nayarit

